Finalmente, me he aprobado a mí misma la dichosa lista de tareas pendientes, después de hacer, deshacer, poner y quitar y, por qué no decirlo, cagarla de nuevo estrepitosamente. He dejado de ignorar que algunas cosas urgen y aunque más o menos lleve una semana manos a la obra… ahora sí, se impone remangarse. Para que ciertas cosas no vuelvan a pasar.
1. Tengo mucha suerte de saber lo que quiero.
A pesar de mis otra taras emocionales, sé perfectamente lo que quiero, lo que me gusta, lo que no me sirve, lo que me hace infeliz. Partiendo con semejante ventaja, es triste y absurdo aceptar otra cosa. Tengo que aprender a decir no cuando lo que me ofrecen no es lo que yo necesito.
2. No sirve cualquier compañía.
Compartir mi tiempo con personas que no me entienden, o no me quieren, o no tienen interés verdadero en mí, me aleja de quien soy realmente. A menudo la evitación de la soledad me lleva a dar mayor espacio en mi vida a personas que no quieren lo mejor para mí o con las que simplemente no tengo nada en común. Al final termino dejando de hacer cosas propias de mí y que me llenan con tal de tender puentes hacia esas personas, cediendo, anulando partes de mí para hacer encajar piezas que simplemente no funcionan juntas.
3. No hace falta compartirlo todo.
Los últimos años había olvidado por completo ciertas cosas que me llenaba mucho hacer. Compartir mi vida con una persona que no las disfrutaba, comprendía o respetaba me supuso eliminarlas. Algunas las recuperé en seguida, pero otras las había olvidado de tal manera que me las he encontrado por sorpresa, redescubriéndolas por azar, y he vuelto de pronto a años atrás, cuando eran normales y habituales. Todo tiene su encanto, supongo. Pero es obvio que al menos en este momento de mi vida, las personas que tengo alrededor no parecen disfrutar de las mismas cosas que yo, y yo no me separé del padre de mi hija para reproducir el mismo patrón de relación con otras personas.
4. Nadie tiene una sola faceta.
Todos tenemos todo tipo de días, todo un muestrario de humores, diversos talentos y defectos y cosas con las que disfrutamos. Creo que una persona que sólo está dispuesta a compartir tiempo contigo en unos parámetros concretos, en realidad no te quiere en su vida. Porque yo soy yo un sábado de madrugada, cerveza en mano, y soy yo dando un paseo por la montaña, y soy yo en un mercadillo, en un museo y en un parque. No debería permitir que alguien sólo cuente conmigo si me ajusto a su plan, o sólo cuando está mal, o se aburre, etc, o sólo cuando yo tenga el estado de ánimo conveniente.
5. Los demás se equivocan.
Y los extremos son malos. El rencor no sirve para nada, pero perdonar siempre tampoco. A veces tengo la sensación de que un “lo siento” sólo sirve para callarme la boca. Es como si en el momento en que alguien se ha disculpado, ya no tuvieses derecho a decir nada más. Así que sí, los demás se equivocan, a veces me va a doler, pero lo que no puedo hacer es obviarlo, darlo por hecho o caer en esa especie de hipertolerancia. Tengo derecho a enfadarme, y no es necesario que los demás lo entiendadan, y tengo derecho a ser desagradable alguna vez.
6. Y yo también me puedo equivocar.
Y tengo derecho a tener un día malo, o a necesitar cariño, o a no necesitar a nadie, y se tiene que respetar.