Feeds:
Entradas
Comentarios

La Artista del Desastre

A parte de mis traumas particulares, sucede que soy una controladora perfeccionista con terror al compromiso. Y bipolar.

Sucede que, viéndome en determinadas situaciones con alguien del sexo opuesto, mi primer impulso es no decir jamás lo que realmente pienso. Primer error. Después me digo a mí misma que soy una mujer adulta, que tengo que pedir lo que quiero, y que no puedo esperar que los demás adivinen lo que espero de ellos, que no es justo. Entonces me comunico (torpemente, la mayoría de veces). Suelo decirlo a medias, o no darle la importancia que tiene para mí. Y finalmente pueden ocurrir dos cosas… una es que no respondan como esperaba. Me frustro y me culpo por pedir cosas a la gente que no pueden/quieren darme. Otra es que respondan de acuerdo a lo que he pedido. Entonces me entristezco porque he tenido que pedirlo, porque me parece que igual no es sincero por su parte, que es mera cortesía o por compromiso. Me enfado de nuevo conmigo misma por ser tan insegura y adjudicarles semejantes motivos, y a la vez me enfado por haber reclamado lo que necesitaba cuando sé que después no puedo gestionarlo, y decido que nunca más pienso volver a abrir la boca, aunque sepa que tampoco es correcto así. Vuelvo a empezar el círculo y de ese modo sucesivamente.

Necesito sieeeempre controlar la situación. Preciso tener en todo momento una imagen clara de los pensamientos del otro, o me pongo nerviosa. Necesito saber qué va a ocurrir, qué quiere, qué está pensando, qué pensará de lo mismo dentro de una semana o un mes. Si no lo sé, me imagino lo peor para tratar de tener un mínimo control sobre la posibilidad de llevarme un chasco después (y a veces ofendo, lo sé, porque no es justo pensar mal de los demás como punto de partida). Si no controlo la situación soy capaz de evitarla, prefiero negarme la posibilidad de algo bueno antes de que ocurra si eso me da la tranquilidad de saber que me he ahorrado lo malo.

Y soy una perfeccionista porque siempre creo que nada es suficiente. Siempre pienso que todo podría haber salido mejor, sido más espontáneo, ocurrido en otro momento. Siempre tengo la sensación de no estar a la altura, de estar siendo comparada(y salir perdiendo). Me da miedo asumir compromisos en los que después no vaya a dar la talla, me da miedo que alguien se haya llevado una impresión demasiado buena de mí y después descubra que no soy tan inteligente ni tan interesante y me tenga que dejar.

Soy la compañera ideal!

Anuncios

Salvo esas veces que ni yo me lo creo, y salvo cuando no me respeto, y salvo cuando en realidad, por dentro, querría decir ¡sí!

Bret Easton Ellis es mi escritor favorito (título que se disputa con Paul Auster, relevándose en el cargo según mi estado de ánimo). No deja de fascinarme descubrir frases de sus libros en las canciones de Nacho Vegas. Es particularmente entrenido porque los personajes del primero a menudo me delatan hasta avergonzarme ante mí misma, y porque las canciones del segundo son esa palmadita en la espalda de mal amigo, que te dice “tienes razón, estás jodida, nadie lo tiene más difícil que tú, reogodéate y disfruta”… así que imagino que es todo como un drama show multidisciplinar en el que me siento comprendida y reforzada en mi debilidad, paradógicamente.

Y en estos días terribles de dolor paralizante, encerramiento en una misma e inestabilidad emocional que atravieso una vez todos los meses (y que dure) sólo me apetece manta, sofá, libro y Nacho Vegas. Sin ver a nadie, sin tener que hablar, sin tener que actuar de forma que los demás me entiendan mínimamente.

Tal vez sí que soy un poquito inestable, pero es que no quiero lo que quiero, me lo niego, me lo concedo y lo deshecho a continuación. Me incomodan lo mismo la carencia que la plenitud, el anhelo y la posesión. Vaya, que no sé estar bien en ningún lado, y cuando lo estoy, me da vértigo.

 

Yo una vez tuve un amor, pero si he de ser sincero dije “no” en el altar y cuando digo no es no.

Fracasé una vez, fracasé diez mil, y aun así alzo mi copa hacia el cielo en un brindis por el hombre de hoy y por lo bien que habita el mundo.

Dans chaque coin moelleux.

Cuando tenía 14 años descubrí a Rimbaud por casualidad, leyendo una biografía de una artista toxicómana. Era la época en la que había escogido el francés como 2ª extranjera en el instituto, y ya iba yo por este mundo con la pose de bohemia atormentada, que disfrutaba enormemente maltraduciendo y reinterpretando sus sonetos, y leía y releía el diario de Antoine Roquentin (traducido, obviamente). Me temo que sigo siendo igual de personaje.

Me encanta especialmente la parte en que dice “Un nid de baisers fous repose dans chaque coin moelleux”… mullido y femenino.

RÊVÉ POUR L’HIVER

À Elle.

L’hiver, nous irons dans un petit wagon rose
Avec des coussins bleus.
Nous serons bien. Un nid de baisers fous repose
Dans chaque coin moelleux.

Tu fermeras l’œil, pour ne point voir, par la glace,
Grimacer les ombres des soirs,
Ces monstruosités hargneuses, populace
De démons noirs et de loups noirs.

Puis tu te sentiras la joue égratignée…
Un petit baiser, comme une folle araignée,
Te courra par le cou…

Et tu me diras : « Cherche ! », en inclinant la tête ;
— Et nous prendrons du temps, à trouver cette bête !
— Qui voyage beaucoup…

Herencias.

Hoy he estado pensando en las herencias invisibles que nos dejan las relaciones que terminan. Las malas herencias, quiero decir.
En concreto pensaba en el padre de mi hija, claro… fueron 8 años y me he dado cuenta de que, a pesar de que puedas superar la pérdida de la persona, del proyecto, aunque asimiles la realidad, cuando una relación no ha funcionado por negligencia hay procesos invisibles que siguen funcionando dentro tuyo, y que son mucho más peligrosos que la tristeza en sí misma.
Hay cosas que me enseñó a hacer mal, cosas que normalicé, complejos estúpidos, indefensión aprendida y una tendencia muy fea a identificar a otros con él, a dar por sentado que van a reaccionar igual de mal que él a ciertas cosas.
Pensaba en cómo siempre verbalizó que ciertas cosas mías no le gustaban o no eran bonitas y cómo las sigo escondiendo y detestando, porque legitimé si falta de aprecio por ellas. En cómo empecé a dar la vuelta a todo lo que los demás me dicen y reescribirlo tal y como él lo hubiera dicho y con sus intenciones, lo cual me hace responder con ataques y es injusto. Pensaba también en ciertos conflictos con el contacto físico y en cómo cambié mis necesidades en lugar de cambiar de pareja. Me he dado cuenta, un poco amargamente, de que durante muchísimo tiempo acepté sexo cuando pedía cariño, que acabé confundiendo uno con otro y que todavía hoy demasiadas veces me doy cuenta tarde de que sigo pidiendo lo que en realidad no me apetece en ese momento, y obviamente después no me sirve. No sé cómo solucionarlo, así que de momento me he propuesto pensar dos veces antes de empezar nada y no forzarme a terminar las cosas sólo porque ya haya empezado. Y explicarme… dejar de ir por la vida sin tener en cuenta que mis traumas afectan a los demás y que mi conducta no es tan transprarente como a mí me parece.
Espero tener más éxito que con la dieta… :S

… ni una mala excusa que dar para olvidar.

Definitivamente mi cabeza está limpia y en paz, ahora sí. Hay días que estoy más arriba, otros más abajo, introvertida y reflexiva o decididamente social.
He dormido tan bien esta noche, me he despertado tan serena esta mañana, y al salir a la calle habría jurado que la luz del sol era un mero reflejo de la mía.

Los últimos días he tenido algunas conversaciones con personas que en un momento dado tenían mucho peso en mi estado de ánimo; pero ya no. Tengo la agradable sensación, mejor dicho, certeza, de haber cerrado un capítulo. Me he expuesto, he tratado de despertar algunos fantasmas y simplemente ya no están ahí.
He tenido que recordarme a mí misma que mis actos afectan a los demás, y por lo que he aprendido, eso incluye también a personas a las que creía importar una mierda. De repente me veo no pudiendo dar más que negativas a personas a las que antes quería ver y recibiendo incredulidad a cambio (probablemente me excedí eligiendo hombres seguros de sí mismos). Mi tendencia a ser demasiado condescendiente con personas muy poco implicadas en mis necesidades tiene resultados imprevisibles y sorprendentes cuando me aburro y salgo volando.
Pero no me molesta, no estoy triste, no me sabe mal. No me sale enfadarme. Estoy en mi lugar.

Miss Missing Misery

I lost myself on a cool damp night
Gave myself in that misty light
Was hypnotized by a strange delight
Under a lilac tree
I made wine from the lilac tree
Put my heart in its recipe
It makes me see what I want to see
and be what I want to be
When I think more than I want to think
Do things I never should do
I drink much more that I ought to drink
Because (it) brings me back you…

 

Por todo lo que escribí ayer. Porque llevo toda la semana removiéndome y mirándome por dentro. Porque me he pasado la noche prácticamente sin dormir.

Por los cafés que te hacen sentir mejor que una noche de desenfreno con el mejor amante del mundo. Por las conversaciones interminables. Por las noches cortas que se vuelven mañanas, en el sol en la cara, en bochorno estético. Por poder confesar un error embarazoso, y acabar dándole la vuelta y convirtiéndolo en algo divertidísimo. Por cuando tienes algo que te hace creer que nada que ocurra te va a doler. Por la camaradería, las buenas intenciones, las miradas transparentes, la ausencia de maldad, la honestidad. Por los que no tienen miedo de mirar a los ojos y decir a alguien que le admiran, que le aprecian, que es genial. Por aquellos que quieren vivir contigo cosas que los demás te niegan. Por el lunatismo y el punto de excentricidad que te saca de quicio y te enternece a la vez, por el afán de superación constante, el saberse merecedor de algo mejor. Por tener los cojones de dirigirse directo el error, y seguir adelante porque se tiene la capacidad de anteponer el sentido del compromiso al miedo.

Por todo eso tengo que lanzarme al vacío, porque hay que invertir el tiempo en lo que nos va a dar felicidad, aunque tenga que ser efímero, aunque no sea nuestro, no podamos retenerlo y sepamos que mañana tendremos que vivir de otra cosa. La plenitud llega de muchas formas, las consecuencias son inevitables y vivir es un bien demasiado preciado como para tirar la mitad a la basura. Un segundo de felicidad absoluta bien va a valer una semana de llantos…

 

Las consecuencias son inevitables
la juventud no te acompañará
los próximos mil años.